Villa monumental donde las haya, Ribadavia es una joyita para los ojos de viajero. Desde su imponente castillo a su casco viejo de callejuelas estrechas y retorcidas, como toda buena judería que se precie, Ribadavia llamará nuestra atención a cada paso que demos.
Pero no sólo de los ojos vive el hombre (ni la mujer) y Ribadavia también ofrece sabores, no en vano es la cuna de uno de los vinos gallegos más conocidos: el ribeiro, que lo podremos degustar en las muchas tascas que hay diseminadas por toda la villa. |  |